Todos sabemos lo que es una inflamación: un tobillo que se hincha tras un esguince, una garganta enrojecida por una infección o la zona que rodea una herida. En estos casos, la inflamación es una buena noticia ya que implica que el organismo está reparando un daño o luchando contra un microorganismo.
El problema aparece cuando ese sistema de defensa nunca llega a apagarse.
Existe un tipo de inflamación mucho más discreta, prácticamente invisible y sin síntomas evidentes durante años. Se conoce como inflamación crónica de bajo grado y hoy sabemos que es uno de los principales mecanismos que aceleran el envejecimiento y favorecen el desarrollo de muchas enfermedades crónicas.
No duele, no suele dar fiebre y no obliga a quedarse en cama. Pero trabaja, en silencio, todos los días.
Qué es realmente la inflamación crónica de bajo grado
Imaginemos nuestro sistema inmunitario como un cuerpo de bomberos.
Cuando aparece un incendio, acuden rápidamente, apagan el fuego y regresan al parque. Algo parecido sería lo que sucede en una inflamación aguda.
Sin embargo, en la inflamación crónica ocurre algo diferente. Es como si existieran pequeños focos de incendio repartidos por todo el organismo. No llegan a convertirse en un gran incendio, pero tampoco terminan de extinguirse.
En este escenario, el sistema inmunitario permanece permanentemente activado, consumiendo energía, produciendo sustancias inflamatorias y dañando lentamente los tejidos sanos. Además, deja de estar al 100% disponible para acometer nuevas amenazas o agresiones, favoreciendo estados de enfermedad.
Con el paso de los años, este desgaste continuo favorece el deterioro del organismo. Por eso muchos investigadores consideran la inflamación crónica uno de los grandes motores biológicos del envejecimiento.
Por qué aparece
Nuestro cuerpo está diseñado para soportar agresiones puntuales, no para vivir bajo una agresión o amenaza constante.
Sin embargo, debido a la vida moderna, con frecuencia acumulamos numerosos factores que mantienen “encendida” la respuesta inflamatoria silenciosa. Entre los más importantes se encuentran:
- Una alimentación rica en ultraprocesados, azúcares y grasas de mala calidad.
- El exceso de grasa abdominal, especialmente la grasa visceral.
- El sedentarismo.
- Dormir poco o dormir mal.
- El estrés mantenido durante meses o años.
- El tabaquismo.
- El consumo excesivo de alcohol.
- La contaminación ambiental.
- Algunas alteraciones de la microbiota intestinal.
- El envejecimiento natural, que favorece un fenómeno conocido como inflammaging, una inflamación persistente asociada a la edad.
Ninguno de estos factores suele ser suficiente por sí solo y el problema aparece cuando varios de ellos se acumulan durante años.
Qué ocurre dentro del organismo
La inflamación crónica no afecta únicamente a una parte del cuerpo; prácticamente todos los órganos pueden verse perjudicados.
- Cerebro. La inflamación favorece el deterioro cognitivo y aumenta el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. También puede influir en la depresión, la ansiedad y la sensación de fatiga mental.
- Corazón y vasos sanguíneos .Las sustancias inflamatorias favorecen la formación de placas de aterosclerosis y aumentan el riesgo de hipertensión, infarto e ictus.
- Páncreas. La inflamación favorece la resistencia a la insulina y aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
- Hígado. Contribuye al desarrollo del hígado graso asociado al síndrome metabólico.
- Intestino. Puede alterar la microbiota y aumentar la permeabilidad intestinal, facilitando el paso de sustancias inflamatorias al torrente sanguíneo.
- Músculos. Favorece la pérdida progresiva de masa muscular y dificulta la recuperación tras el ejercicio.
- Huesos y articulaciones. Acelera la pérdida de masa ósea y favorece procesos degenerativos como la artrosis.
- Sistema inmunitario. Paradójicamente, un sistema inmunitario continuamente activado acaba funcionando peor, respondiendo con menos eficacia frente a infecciones y otros desafíos.
La buena noticia: la inflamación también responde a nuestros hábitos
Aunque el envejecimiento es inevitable, gran parte de la inflamación que acumulamos no lo es. La investigación demuestra que pequeñas mejoras mantenidas en el tiempo pueden reducir significativamente este estado inflamatorio.
No existe un alimento milagroso , ni un suplemento capaz de solucionarlo.
La verdadera estrategia consiste en actuar sobre varios hábitos al mismo tiempo.
Cómo empezar a reducir la inflamación
El objetivo no es eliminar la inflamación
La inflamación es imprescindible para vivir, ya que sin ella no podríamos defendernos de las infecciones ni reparar los tejidos dañados. El verdadero objetivo consiste en devolverla a su función natural: activarse cuando hace falta y apagarse cuando el trabajo ha terminado.
Cada comida, cada paseo, cada noche de descanso y cada decisión saludable son pequeñas gotas de agua que ayudan a apagar ese fuego silencioso. No existe una solución inmediata, pero sí existe un camino, una ruta y merece la pena recorrerla.
Para saber más: investigaciones de referencia
1. Inflammageing: chronic inflammation in ageing, cardiovascular disease, and frailty (Nature Reviews Cardiology). Versión completa en PMC:
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6146930/
2. Inflamación crónica y características del envejecimiento (Molecular Metabolism). Texto completo:
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10359950/
3. Envejecimiento e inflamación crónica: aspectos más destacados de un taller multidisciplinario ImmunoAgeingResume evidencia sobre inflammaging, inmunosenescencia y mecanismos celulares en envejecimiento pmc.ncbi.nlm.nih.10.1186/s12979-023-00352-w
Contenido informativo y divulgativo. No sustituye el diagnóstico, tratamiento ni consejo de un profesional sanitario.



