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El ejercicio no es opcional.

Durante mucho tiempo, hemos visto la actividad física como una simple actividad lúdica o como una recomendación genérica para «mantenernos en forma». Sin embargo, la ciencia médica actual nos plantea un cambio de paradigma: el ejercicio no es un lujo, ni una afición, es una medicina preventiva y terapéutica indispensable si queremos vivir más y, sobre todo, vivir mejor.

Un reciente consenso internacional publicado en la revista científica The Journal of Nutrition, Health & Aging por la Sociedad Internacional de Sarcopenia e Investigación en Fragilidad (ICFSR), en el que han participado destacados investigadores internacionales como el catedrático Mikel Izquierdo, establece algunas pautas concretas sobre cómo debe desarrollarse (o prescribirse) la actividad física para maximizar la longevidad funcional.

El envejecimiento es un proceso natural que conlleva una pérdida paulatina de la reserva funcional de nuestro cuerpo. Con el paso de los años, disminuye la masa muscular, la densidad ósea y la capacidad cardiovascular, lo que nos vuelve más vulnerables a enfermedades crónicas y a la pérdida progresiva de autonomía.

En este contexto, lo realmente fascinante que respalda el estudio es que el ejercicio físico actúa directamente sobre los mecanismos celulares y moleculares del envejecimiento biológico. Y no se trata de un beneficio superficial, sino que el movimiento frena el ritmo al que envejecen nuestras células.

Estar y mantenernos activos de forma consciente ayuda a prevenir o mejorar:

  • Las enfermedades cardiometabólicas: hipertensión, diabetes tipo 2 y problemas del corazón.
  • La salud musculoesquelética: pérdida de masa muscular (sarcopenia), fragilidad u osteoporosis.
  • La salud cerebral y cognitiva: deterioro cognitivo, demencia o pérdida de memoria.
  • Otras patologías: reducción del riesgo de varios tipos de cáncer y afecciones respiratorias.

Al igual que ocurre con un medicamento, el ejercicio no se puede administrar a ciegas. Tiene una dosis, una frecuencia y una intensidad adecuadas según cada persona. No basta con solo «caminar un poco a diario»; se requiere un programa estructurado y completo.

El consenso internacional citado señala que una rutina ideal para envejecer con salud debe combinar cuatro pilares:

  1. Entrenamiento de fuerza progresiva: es el pilar fundamental e insustituible. Para combatir la pérdida de masa muscular y la fragilidad, el trabajo con cargas adaptadas (pesas, bandas elásticas o máquinas) es imprescindible a cualquier edad.
  2. Ejercicio aeróbico: caminar a buen paso, nadar, bailar o pedalear para mantener sanos el corazón y el metabolismo.
  3. Equilibrio y coordinación: ejercicios específicos para evitar caídas y mantener la agilidad en las tareas cotidianas.
  4. Flexibilidad: para mantener el rango de movimiento de las articulaciones.

El toque maestro: Los programas que combinan ejercicio físico con pequeños retos mentales (como realizar tareas de memoria o atención mientras se entrena el equilibrio) mejoran la salud cerebral y previenen de forma muy eficaz el riesgo de caídas en adultos mayores.

En la industria farmacéutica y de la suplementación se busca con frecuencia una «fórmula mágica» o un suplemento definitivo capaz de frenar el envejecimiento. Sin embargo, ni la mejor polipíldora ni el suplemento más avanzado pueden, ni de lejos, emular los beneficios sistémicos que genera en el cuerpo humano una actividad física bien programada. El movimiento estimula señales químicas, adaptaciones musculares, vasculares y neurológicas que ningún fármaco puede replicar de forma aislada.

Un programa estructurado de ejercicio es indispensable, pero no puede servir para suplantar a la actividad física incidental o sin ejercicio (subir escaleras, caminar para hacer recados, cuidar del jardín, trabajar de pie o desplazarse de forma activa) cumple un papel decisivo. Permanecer sentado durante muchas horas seguidas anula parte de los beneficios del entrenamiento. La verdadera salud metabólica se construye sumando el entrenamiento al movimiento a lo largo de todo el día.

Perfil de personaTipo de ejercicio prioritarioObjetivo principal
Adultos mayores activosCompleto: fuerza, aeróbico y equilibrioMantener la capacidad funcional y prevenir enfermedades.
Personas con fragilidad o sarcopeniaFuerza progresiva adaptada + equilibrioRecuperar masa muscular, fuerza y autonomía para el día a día.
Personas en hospital o residenciaFuerza guiada y movilidad diaria adaptadaEvitar la pérdida acelerada de capacidad física por inmovilidad.

A pesar de que las investigaciones nos dice que el ejercicio es seguro, eficaz y económico, el consenso destaca que todavía no se «receta» con la frecuencia que se debería en los centros médicos.

El objetivo a corto plazo es que la prescripción de ejercicio físico estructurado se integre formalmente en las consultas médicas de la misma manera que se recetan los medicamentos. Integrar el movimiento en el cuidado diario ayuda a reducir la necesidad de múltiples fármacos (polifarmacia) y garantiza que los años ganados sean años llenos de independencia, vitalidad y salud.

Para que pueda cumplir con su finalidad preventiva, el ejercicio y la actividad física no deben vivirse como una obligación impuesta o un castigo, sino como una herramienta al servicio de lo que da sentido a nuestra existencia. Integrar el movimiento en nuestro estilo de vida requiere conectar el cuidado físico con un propósito de vida claro (nuestro ikigai).

Mantenernos fuertes, ágiles y autónomos nos permite seguir disfrutando de nuestras pasiones, cuidar de quienes queremos, aportar a la comunidad y mantener la libertad de decisión hasta el último día. En última instancia, concebir la actividad física como parte intrínseca de nuestro proyecto vital es el factor determinante para lograr un envejecimiento genuinamente exitoso y pleno.

Referencia científica consultada

Izquierdo, M., de Souto Barreto, P., Arai, H., Bischoff-Ferrari, H. A., Cadore, E. L., Cesari, M., … & Fiatarone Singh, M. A. (2025). Global consensus on optimal exercise recommendations for enhancing healthy longevity in older adults (ICFSR). The Journal of Nutrition, Health & Aging, 29(1), 100401.

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